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lunes, 1 de julio de 2013

Colelitiasis, ¿qué es y cómo tratarla?



¡¡Buenos días!! Hace tiempo recibimos una petición para hablar de la colelitiasis o litiasis vesicular, y aquí está el post correspondiente sobre esta patología que afecta, sobre todo, a la vesícula biliar.

Para hablar de la colelitiasis primero hay que explicar las funciones del hígado, las vías biliares y la bilis para entender mejor todo. ¡Empezamos!

El hígado tiene dos funciones principales:

1.       Funciones vasculares: encargado del almacenamiento de la sangre y de la filtración.

2.       Funciones metabólicas:

a.       Metabolismo de los hidratos de carbono: almacenamiento de glucógeno, conversión de galactosa y fructosa en glucosa, y gluconeogénesis.

b.      Metabolismo de lípidos: b-oxidación de ácidos grasos y formación de ácido acético, formación lipoproteínas, formación cantidades considerables de colesterol y fosfolípidos, conversión de carbohidratos, grasas y proteínas.

c.       Metabolismo de proteínas: desaminación de aminoácidos, formación urea, formación de proteínas plasmáticas.

d.      Otras funciones metabólicas: almacenamiento de vitaminas y hierro, formación de sustancias que interaccionan en la coagulación, eliminación de fármacos y sustancias tóxicas.

Además, el hígado es una glándula de secreción externa. Es decir, secreta sustancias como las sales biliares, y excreta desechos como la bilirrubina. Sustancias que forman la bilis.

Pero realmente, ¿qué es la bilis?

La bilis es un fluido digestivo espeso, rico en lípidos. Se producen 800-1000 ml/día y tiene un pH de entre 7.8 y 8.6. Su función es neutralizar la acidez del jugo gástrico y favorecer la formación de micelas para el transporte de lípidos, gracias a su contenido en bicarbonato; ayudar en la digestión de grasas y vitaminas liposolubles (por su efecto emulsionante) ya que si la bilis no llega al intestino apenas se produce absorción de lípidos; transportar sustancias de desecho insolubles en agua que son extraídas por el hígado a la sangre como pigmentos de la hemoglobina, colesterol y derivados de los medicamentos; por último, tiene una función inmunológica, ya que permite el transporte de inmunoglobulina A (IgA) a la mucosa intestinal.

Los constituyentes más importantes de la bilis son el colesterol, la bilirrubina y las sales biliares. Aunque en su composición también hay agua, electrolitos, fosfolípidos, minerales…

§  La bilirrubina, el principal pigmento biliar, se produce como consecuencia de la liberación de hemoglobina tras la destrucción de los eritrocitos o glóbulos rojos. Se transporta al hígado, en el que se conjuga y excreta a través de la bilis.

§  Las sales biliares, son fabricadas a partir del colesterol por los hepatocitos, desempeñan una función clave en la digestión y la absorción de los lípidos, las vitaminas liposolubles y algunos minerales. Tras su excreción al intestino delgado con la bilis, las sales biliares se reabsorben hacia el sistema porta, que es un sistema de circulación sanguínea, a través de la vena porta con una circulación enterohepática, se recogen las sales desde el intestino y vuelven al hígado para ser reutilizadas.

Además, la bilis contiene inmunoglobulinas que confieren protección a la mucosa intestinal, y por otra parte, representa la vía primaria de excreción de los minerales cobre y manganeso.

Hemos visto que el hígado forma la bilis, pero, ¿cómo llega ésta al intestino?

La bilis es eliminada del hígado a través de los canalículos biliares que confluyen en los conductos biliares intrahepáticos. Estos conductos se dirigen, a su vez, a los conductos hepáticos izquierdo y derecho, los cuales salen del hígado para configurar el conducto hepático común. El conducto cístico transporta la bilis hacia la vesícula biliar, donde se someterá a procesos de concentración y almacenamiento.

Este conducto se fusiona con el conducto hepático común para dar lugar al conducto biliar común. A continuación, el conducto biliar se une al conducto pancreático, que transporta enzimas digestivas.

Durante la digestión, los alimentos acceden al duodeno e inducen la liberación de hormonas intestinales, como colecistocinina y secretina. Estas moléculas estimulan la vesícula biliar y el páncreas y provocan la relajación del esfínter de Oddi, lo que permite la entrada de jugos pancreáticos y bilis al duodeno a través de la ampolla de Vater para favorecer la digestión de los lípidos.

No os asustéis por tanto nombre técnico, todo se entiende mejor con el dibujo que he hecho y podemos ver a continuación:

A menudo, los trastornos de la vesícula biliar, el hígado y el páncreas están relacionados entre sí debido a este motivo, todas las secreciones desembocan en el mismo lugar.

Los trastornos de la vesícula biliar afectan a millones de individuos cada año y provocan un sufrimiento importante e, incluso, la muerte debido a que desencadenan pancreatitis y septicemia. El sistema biliar se ve afectado por diferentes enfermedades, cuyos síntomas son similares de unas a otras.

El tratamiento puede ser desde la dietética, el uso de fármacos o una intervención quirúrgica. De entre todas las patologías que se pueden dar en la vesícula biliar nos vamos a centrar en la colelitiasis.

Ahora sí, ¿qué es la colelitiasis?

Es la presencia de cálculos o “piedras” en la vesícula biliar como consecuencia de alteraciones en las propiedades físicas de la bilis. Si los cálculos se desplazan por las vías biliares reciben otro nombre como colecistitis o coleodocolitiasis (que no trataremos en el post de hoy).

La colelitiasis tiene una incidencia en el 10% de la población, con una relación directa con la edad (>60 años) y con la etnia.

Los cálculos se dan en el 20% de las mujeres y el 5% de los hombres. Existen 4 tipos de cálculos:

§  Cálculos de colesterol (80-90%)

El colesterol en su metabolismo es esterificado y almacenado, incorporado a la membrana plasmática; se excreta hacia la bilis lo cual requiere como fuerza impulsora indispensable la secreción concomitante de los otros dos lípidos biliares, las sales biliares y fosfolípidos. Por lo tanto, al ser la bilis la principal ruta de eliminación, si hay una alteración de la función biliar, el colesterol precipita formando el cálculo.

§  Cálculos pigmentos biliares (5%)

Tiene un mecanismo patogénico distinto a los cálculos de colesterol. Se produce un aumento de la bilirrubina no conjugada, debido a una hemolisis crónica, es decir, gran rotura de eritrocitos. También puede deberse a infecciones bacterianas, debido a la  glucoronidasa bacteriana, que desconjuga la bilirrubina y la hace precipitar como sales de calcio.

§  Cálculos mixtos (10%).

§  Barro biliar.

La formación de los cálculos es más frecuente en mujeres, ya que los estrógenos inducen a cambios en el metabolismo del colesterol y alteraciones motoras de la vesícula. En el 2do y 3er trimestre del embarazo se produce una disminución de la motilidad vesicular, produciendo en la mujer embarazada una estasis biliar, es decir, formación de cálculos.

También la obesidad aumenta el riesgo de colelitiasis, así como la alimentación parenteral y la pérdida brusca del peso corporal. Otros factores de riesgo son la toma de anticonceptivos orales, cirrosis, vagotomía troncular, malabsorción de ácidos biliares por resección intestinal, hiperlipemias e hipercolesterolemia.

El 70% de los pacientes portadores de cálculos no tienen síntomas; el 30% restante sufren el cólico biliar, derivado de la presencia del cálculo en la vesícula o en la vía biliar que incluye náuseas y vómitos en forma postprandial, es decir, tras ingestas ricas en grasas. También existen síntomas no específicos como la dispepsia biliar, intolerancia a alimentos grasos, digestión lenta, distensión abdominal, flatulencias y cefalea.

Si los cálculos se sitúan fuera de la vesícula puede dar otra serie de complicaciones derivadas de la zona, como:

El diagnostico se realiza mediante exploraciones complementarias; sólo el 20% de los cálculos son radio opacos por lo que las radiografías son poco fiables. Las ecografías por otra parte, son la mejor opción ya que informan sobre la presencia de cálculos, el tamaño de la vesícula y el calibre de la vía biliar.

Por último, es importante conocer el tratamiento de esta patología tanto quirúrgico como nutricional.

El tratamiento quirúrgico de la litiasis biliar consiste en una colecistectomía (extirpación de la vesícula biliar), en especial en pacientes portadores de cálculos abundantes, de gran tamaño o calcificados. Esta intervención se puede efectuar mediante una laparotomía abierta convencional o bien a través de una laparoscopia de menor invasividad.

De igual manera, se puede tratar de disolver químicamente los cálculos por medio de sales biliares, ácido quenodesoxicólico y ácido ursodesoxicólico (tratamiento litolítico) o bien por litotricia extracorpórea por ondas de choque; sin embargo, estas modalidades terapéuticas se utilizan con una frecuencia menor que las técnicas quirúrgicas.

En cuanto al tratamiento nutricional, no se ha definido ninguna terapia nutricional específica para la colelitiasis. Los factores relacionados con la alimentación, como la obesidad y el ayuno severo, han de corregirse en la medida que sea posible.

Se recomienda sobre todo en colecistitis una dieta baja en grasas, evitando alimentos como embutidos y carnes grasas, leche entera, mantequilla, margarina, nata, crema, flan, chocolate, pasteles, huevos, aceitunas y frutos secos, aceite, sebo y fritos en general.

Tras la resección quirúrgica de la vesícula biliar, la alimentación por vía oral se restablece generalmente cuando reaparezcan los sonidos intestinales y el paciente tolere la extracción de la sonda nasogástrica de drenaje. La dieta puede ser normal en función de la tolerancia. El hígado secreta directamente la bilis al intestino en ausencia de vesícula biliar. El conducto biliar se dilata y origina una “bolsa simulada”, que con el paso del tiempo, contendrá la bilis de manera semejante a la vesícula biliar original.

Con esto me despido, esperando que os haya gustado y no dudéis en comentarnos y pedirnos temas a tratar.

¡Un saludo!

Realizado por Jorge Ibarra.

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