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Obesidad, la pandemia del s. XXI

Escrito por Nutrición a las seis el lunes, 19 de noviembre de 2012 | 6:00:00


Buenos días, hoy vamos a hablar sobre la obesidad, que en los últimos años se ha convertido en uno de los problemas de salud más preocupantes en el mundo “desarrollado”. 
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde 1980 la población con problemas de obesidad se ha visto duplicada y sigue aumentando. Las cifras son más que significativas: en 2008, 1400 millones de personas de más de 20 años tenían sobrepeso de los cuales 300 millones de mujeres y 200 millones de hombres eran obesos. En cuanto a la población infantil, los datos también dan mucho que pensar ya que en 2010, alrededor de 40 millones de niños menores de 5 años tenían sobrepeso.
El sobrepeso y la obesidad además traen consigo otros problemas de salud, tales como diabetes, cardiopatías isquémicas y ciertos tipos de cáncer, son el quinto factor principal de riesgo de defunción en el mundo.
Hace unos años estos problemas se atribuía a la población perteneciente a aquellos países de ingresos más elevados pero la prevalencia de ambos trastornos está cada vez más presente en países con ingresos medio-bajos. Esto puede ser debido a que cada vez la oferta de alimentos menos saludables es mayor y con precios más que asequibles, y también puede verse influenciado por la falta de educación nutricional, una educación clave para aprender a disfrutar comiendo y además hacerlo de una forma sana.
Hasta aquí entendemos que es un problema pero… ¿qué es la obesidad?
Según la OMS, el sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud, que a su vez se traduce en un aumento de peso. Es una enfermedad crónica  y el trastorno metabólico más frecuente del “mundo desarrollado”.
Para diagnosticar este problema se suele recurrir al IMC (que ya explicamos en post anteriores); recordad que si el IMC era superior a 25 entonces entrabamos en sobrepeso, si este valor superaba 30 o 40 se consideraba obesidad y obesidad mórbida respectivamente. Es importante que con este valor se tenga en cuenta también el porcentaje de grasa porque, como ya dijimos, una persona puede tener un IMC de 35 y no necesariamente ser obesa ya que este valor tiene en cuenta el peso y la talla, y como dato la masa muscular pesa más que la grasa por lo que esa persona con un IMC de 35 puede corresponder con el perfil de un deportista por lo que no estaríamos hablando de obesidad.
Según dónde se localice la grasa podemos clasificar la obesidad en:
  • Obesidad androide, central o abdominal (en forma de manzana). En este caso el exceso de grasa se localiza preferentemente en el abdomen y tórax. Se la considera la de mayor riesgo, que puede llevar a padecer enfermedades como la diabetes, problemas de hipertensión…
  • Obesidad ginoide o periférica (en forma de pera). La grasa se acumula sobretodo en cadera y muslos.  Se relaciona con enfermedades osteoarticulares o vasculares, es decir destacan las enfermedades relacionadas con el problema del retorno venoso en las extremidades inferiores como es el caso de procesos varicosos.


Para prevenir la obesidad es muy importante el estilo de vida y los hábitos alimentarios. Es recomendable seguir las pautas de una alimentación equilibrada, sin olvidarnos de realizar ejercicio físico con regularidad.
Cuando hablamos de obesidad y de su tratamiento debemos tener muy presente que no existen fórmulas mágicas ni milagrosas para pasar de obesidad a normopeso de un día para otro. Es un proceso lento que requiere de la intervención de un especialista que ayude en el control y seguimiento de este tratamiento. Es un trabajo multidisciplinar, no sólo un especialista es el encargado de tratar esta patología sino que consta de una parte dietética, otra de ejercicio, y una última de asesoramiento psicológico, por ejemplo asistir a reuniones de grupo en las que cada uno cuenta su experiencia y vivencias, también es muy importante este asesoramiento ya que ayuda a no convertir el alcanzar el peso deseado en una obsesión. En ciertos casos también se recurre a tratamiento farmacológico e incluso cirugía sobretodo en obesidad mórbida.
La alimentación en la obesidad no tiene por qué ser distinta de una alimentación normal, debe ser equilibrada y variada, siempre pautada por un experto. Las comidas deben distribuirse de forma regular, para así evitar los llamados “picoteos” o los atracones, saltarse comidas no ayuda en la disminución de peso, y favorece como hemos dicho antes a llegar al resto de comidas con más ansiedad lo que provoca ingerir más alimentos de lo que se debería.  En esta patología lo normal es que haya un desbalance calórico por lo que la dieta debería ajustarse más a las necesidades calóricas de cada persona, contando con una ligera disminución de calorías para favorecer la pérdida de peso.
Es importante no abandonar el consumo de hidratos de carbono, podemos recurrir a alimentos integrales, que son ricos en fibra, ayudan a regular el tránsito intestinal y tiene un efecto prebiótico para la flora bacteriana del intestino, favoreciendo así una mejor absorción de nutrientes y optimizando la digestión, además la fibra tiene efecto saciante y comeremos menos.
La pérdida de peso suele ser bastante importante lo que supone una posible pérdida de músculo, por esto se tiende a que la dieta sea ligeramente hiperproteica así junto con el ejercicio físico se consigue mantener la masa magra corporal.
Con respecto al ejercicio, es indispensable empezar a hacer ejercicios de intensidad moderada-alta, combinando ejercicio aeróbico con ejercicio muscular al menos 3 veces por semana. El ejercicio aeróbico ayudaría a movilizar la grasa y así poder perderla más fácilmente y el ejercicio muscular es totalmente necesario porque en estos tratamientos es normal perder músculo, por lo tanto al hacer este tipo de ejercicio ayudamos a desarrollar y fortalecer el músculo. Algo así como que “transformaríamos la grasa en músculo”. Hacer un ejercicio algo más intenso ayuda en la pérdida de peso, el plan de ejercicios debería ser modulado de forma que no se empiece con un ejercicio muy intenso ya que podría perjudicar más que beneficiar; lo ideal es ir haciendo pequeños ejercicios e incrementar su intensidad poco a poco.
Con esto me despido, ¡nos vemos en el próximo post!
Realizado por Tamara Valencia Dueñas

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