Alimento milagroso - El ajo

Escrito por Nutrición a las seis el lunes, 9 de septiembre de 2013 | 6:00:00


¡Buenos días! Hoy hablaremos de otra dieta milagro, aunque sería más preciso decir que hoy vamos a hablar de un alimento milagro.
Son múltiples las dietas en las que se coge un alimento y se desarrolla un plan de alimentación basado en el consumo exclusivo, o casi exclusivo de dicho alimento, como ejemplo está la dieta de la alcachofa o de la piña, múltiples alimentos en su mayoría frutas o verduras. Efectivamente son alimentos poco energéticos y aportando menos calorías de las necesarias nuestro cuerpo puede reaccionar mediante una aparente pérdida de peso desmesurada que después al volver a una alimentación normal provocan un efecto “yo-yo” y los kilos de más recuperados son más difíciles de perder.
Dicho esto voy a hablar del alimento milagroso del mes, y es… el ajo.
Este alimento tiene múltiples propiedades beneficiosas para el organismo, puede que de tantas propiedades que se le han sacado hubo quién dijo: “y, ¿por qué no? El ajo también adelgaza”.
Esta persona, de origen desconocido, se le ocurrió la genial idea de que consumir ajo crudo entero, como si de una cápsula se tratase, en ayunas tiene propiedades adelgazantes.
Otros fueron más allá de esa premisa y han concluido que debería consumirse una cantidad de ajo proporcional al peso que se tiene, se reparte en varias tomas al día y listo, perdemos peso a pasos agigantados.
No dudo de un cierto efecto placebo ante semejante idea, una persona puede autoconvencerse de que así va a perder los kilos que, a su entender, le sobran y va a ser casi instantáneo.
Otros comentarios que he ido viendo según buscaba información sobre esta aparente “dieta” es que claro, hay que reducir las ingestas que se hacen, el mejor ejemplo que se pone es que si vas a comerte una tarta que consumas la mitad y así es como se pierde peso.
Este es uno de los problemas hoy en día que derivan en sobrepeso y obesidad, la dieta hipercalórica. Ingerimos más alimentos y más energía de la que necesitamos y gastamos, pero no es una causa definitiva, depende de las personas, de su metabolismo y en menor porcentaje también la influencia genética que predispone a estos problemas de peso.
De todo esto hemos hablado y seguiremos hablando largo y tendido pero de momento, volvamos al ajo.
El ajo, como ya he dicho antes tiene múltiples propiedades, tiene efecto cardioprotector y antitrombótico, fluidifica la sangre evitando problemas derivados de la formación de trombos. Esta propiedad debe tenerse en cuenta para personas que consuman medicamentos destinados a la fluidificación de la sangre ya que podría no ser beneficioso e incluso poner en riesgo la salud debido a que ante cualquier herida no se produciría una correcta coagulación y taponamiento de dicha herida y causaría una hemorragia importante difícil de frenar.
Se está estudiando también sus propiedades con respecto al control del colesterol y de triglicéridos en sangre, controlando los niveles e incluso reduciendo los de triglicéridos y colesterol LDL.
Es un potente antibiótico y antimicótico, esto lleva también a una función de mejora del sistema inmune e incluso podría tener un efecto anticancerígeno.
Todas estas buenas propiedades, incluida la de reductor de peso, se le atribuyen, en su mayoría, a un componente fundamental del ajo y es la alicina, compuesto azufrado que se forma al entrar en contacto la aliina con una enzima (la alinasa), reacción que sólo ocurre cuando se tritura o trocea el ajo.
Por lo tanto, ingerir el ajo como si de una pastilla se tratase no sólo son ganas de pasar un mal rato intentando tragar dicho alimento (por muy pequeño que sea, es difícil) sino que además es muy complicado que dicha sustancia se forme, provocándole un sobreesfuerzo a nuestro sistema digestivo ya que nos saltamos un paso fundamental en la digestión, la masticación. Ahí comienza la digestión, en la boca, donde una serie de enzimas inician la digestión de ciertos componentes además de reducir el tamaño del alimento para facilitar la posterior disgregación y digestión de nutrientes en las distintas etapas (estómago, intestino delgado e intestino grueso).
Entonces, la mejor manera de conseguir estas sustancias es masticando el ajo, pero sinceramente, comerse un ajo en ayunas, masticarlo y tragarlo tiene que ser digno de ver, por no decir el aroma que se produce a causa de los compuestos azufrados.
Como conclusión, no existe una evidencia científica clara de que el ajo tenga propiedades adelgazantes. Yo recomiendo que se consuma para beneficiarse de sus buenas propiedades pero junto con una alimentación equilibrada y sin olvidar el ejercicio físico.
Con esto me despido, no sin antes recordar que podéis consultar todas las propiedades del ajo en la receta de pasta al pesto. Hasta el siguiente post :)
Realizado por Tamara Valencia Dueñas

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