Inicio » , , , » Accidente cerebrovascular o Ictus, ¿qué es?

Accidente cerebrovascular o Ictus, ¿qué es?

Escrito por Nutrición a las seis el miércoles, 28 de octubre de 2015 | 6:00:00

¡Buenos días! Hoy es el Día Mundial contra el Ictus, este año con el lema “Prevención es vida”. El año pasado os contamos qué tipo de actuaciones se iban a llevar a lo largo de España, sin embargo, hoy me gustaría hablar un poco de esta patología.
Un Ictus o accidente cerebrovascular agudo es una enfermedad producida por una interrupción brusca del flujo sanguíneo en un territorio del cerebro.
El cerebro utiliza el 20% del oxígeno del cuerpo y la glucosa es su principal fuente de energía.
Existen 4 arterias cerebrales que suministran al cerebro, 2 arterias carótidas internas que conforman la circulación anterior, y 2 arterias vertebrales, que conforman la circulación posterior. Cada arteria suministra a partes específicas del cerebro, aunque una parte del cerebro puede estar abastecida por más de una arteria.
Existe lo que se denomina el Círculo de Willis, que une la circulación anterior con la posterior en la base del cerebro. ¿Por qué lo menciono? Porque ésta es una ruta importante de la circulación secundaria o colateral cuando ocurre un evento de pérdida de circulación.
Un ictus puede tener lugar por:
  • La obstrucción de una arteria por un trombo.
  • La obstrucción de una arteria por una placa de ateroma.
  • La rotura de una arteria y posterior hemorragia.
Cualquiera de estas 3 situaciones produce una muerte de las células cerebrales y la consiguiente pérdida o deterioro de las funciones controladas por dicha parte del cerebro.
Existen 3 tipos de ictus:
  • Isquémico. El más común, con un 84% de incidencia. Tiene lugar por una embolia, es decir, un émbolo o trombo que obstruye una arteria cerebral. Este trombo suele proceder del corazón o de alguna zona del cuello.
  • Hemorrágico. Con una incidencia del 12-20%; es menos común pero más mortal. Ocurre cuando un vaso o arteria cerebral se rompe bruscamente.
  • Hemorrágico subaracnoideo. El menos común de todos con el 5-10% de incidencia. Puede ser debido por una aneurisma sangrante, una rotura de la pared arterial o por una malformación arteriovenosa.
No todos los ictus son mortales, por ello, según la reversibilidad del proceso, los ictus se pueden clasificar en:
  • Accidente isquémico transitorio. La falta de sangre, y por tanto de oxígeno, remite completamente en menos de 24 horas.
  • Ictus en evolución o en progresión. Suele ser causado por un trombo o coágulo y el déficit progresa desde el principio y evoluciona durante 1-3 días.
  • Déficit neurológico isquémico reversible. La sintomatología se resuelve en menos de 21 días.
  • Accidente cerebrovascular agudo establecido o completo. El déficit neurológico se establece en cuestión de horas y dura más de 3 semanas.
Los signos o manifestaciones clínicas del ictus, ya las comentamos en este otro post.
En un porcentaje importante de los casos el ictus es una consecuencia secundaria a algunas patologías, tales como hipertensión, diabetes, colesterol elevado, enfermedades cardíacas crónicas y malos hábitos como fumar.
Un ictus tiene como consecuencia cambios, en ocasiones bruscos, en la vida personal no sólo de la persona que lo padece sino de todo el entorno familiar.
Hay veces que el ictus afecta a la movilidad de la persona, lo que provoca la dependencia para hacer las cosas más sencillas o básicas, entre las que se incluyen el alimentarse. Además, la alimentación puede verse comprometida debido a que es común que aparezca un trastorno de la deglución, la disfagia, de la que hablamos de ella en este post.
Por esta razón, el tratamiento nutricional va a depender y debe adecuarse a las necesidades de cada individuo, ya sea con alimentación normal o alimentación complementaria (enteral o parenteral).
El mejor tratamiento es la prevención. Llevar un estilo de vida saludable reduce el riesgo de sufrirlo. Desde el punto de vista nutricional, la clave está, como para la mayoría de las patologías, en no abusar del consumo de sal, disminuir el consumo de grasa saturada y potenciar el consumo de verduras, legumbres, frutas, pescado y utilizar como grasa principal el aceite de oliva en su justa medida. Todas estas medidas sirven para disminuir los factores de riesgo que predisponen a padecer ictus. Asimismo, no debemos olvidarnos de la práctica de actividad física regular y adecuada a nuestra situación personal.
Con esto me despido hasta el próximo día. ¡Feliz miércoles!
Realizado por Cristina Vallespín Escalada
Fuentes
Conocimientos adquiridos en la Diplomatura de Nutrición Humana y Dietética.

COMPARTIR

0 comentarios :

Publicar un comentario