Pan de muerto

Escrito por Nutrición a las seis el viernes, 31 de octubre de 2014 | 6:00:00

¡Buenos días! Como cada viernes os traemos una nueva receta y hablamos de un alimento, pero hoy no hablaremos de un alimento en concreto, sino de una tradición. De todos ya es conocida la fiesta del “Día de todos los santos”, sabemos las tradiciones españolas de tomar buñuelos de viento, huesitos de santo, etc. pero hoy viajamos más lejos.
Halloween, la fiesta americana del truco o trato, llena de caramelos y dulces, que nació hace 3000 años con la fiesta celta de Samhain, para ellos el fin de año, pero no entra en nuestro post de hoy como muchos hubieseis pensado, aunque no viajamos muy lejos de Estados Unidos, nos abrochamos el cinturón para viajar hasta México y conocer la fiesta o día de los muertos, que se celebra el 2 de noviembre.
La celebración en México se remonta a tiempos prehispánicos y posteriormente con la llegada de los españoles, se combinó con la celebración católica de Todos los Santos y Fieles Difuntos el 1 y 2 de noviembre, respectivamente, hasta derivar en una de las tradiciones más ricas y con más arraigo en México.
Varias eran las culturas que acostumbraban honrar a los muertos, entre éstas destacan los mexicas, mayas, purépechas y totonacos.
Los mexicas, por ejemplo, honraban a los muertos “chiquitos” en el Miccailhuitontli durante el mes conocido como Tlaxochimaco; por su parte, el Ueymicailhuitl era la celebración de los muertos grandes y se caracterizaba por sacrificios humanos.
También se creía que el destino final del alma dependía de la forma en cómo moría, de esta manera existían cuatro “universos” o inframundos de la muerte:
  • Tlalocan. Los que morían por causas relacionadas con el agua.
  • Omeyocán. Los que murieron en la guerra o las mujeres al dar a luz.
  • Chichihuacuauhco, a donde iban todos los niños.
  • Mictlán. Ahí llegaban todos los muertos acompañados por un perro gigante llamado Xólotl, que los ayudaba a cruzar las nueve dimensiones que conformaban Mictlán para encontrar el descanso eterno.
En la antigüedad cuando una persona fallecía, sus familiares acostumbraban a montar ofrendas con los objetos que pertenecían al muerto y que le servirían durante su tránsito en el Mictlán, por eso en la actualidad se siguen haciendo ofrendas con objetos personales de la persona fallecida.
Con la llegada de los españoles a México, la costumbre de honrar a los muertos se mezcló poco a poco con las festividades católicas de Todos Santos y Fieles Difuntos hasta terminar en lo que hoy en día conocemos como Día de Muertos. Y desde el año 2003, es patrimonio de la humanidad por la UNESCO.
La festividad actual es una mezcla entre los rituales y creencias prehispánicas y las llevadas por los españoles con la colonización de las américas, la creencia popular piensa que en este día los muertos regresan a visitar a los familiares vivos, quienes les ofrendan sus alimentos favoritos. Por ello, en nuestro especial “Día de Todos los Santos”, vamos a preparar un dulce típico de México que es muy equiparable a nuestro roscón de reyes que se toma y se sirve de ofrenda a los que ya no están en el día de los muertos y se llama... Pan de muerto.
Pero antes de comenzar vamos a conocer el origen de este pan. Algunos investigadores piensan que nos tenemos que remontar al México prehispánico. Se dice que los aztecas tenían la costumbre de ofrecer a doncellas en sacrificio a los dioses, su corazón era colocado en un recipiente con amaranto y después, quien encabezaba el rito mordía el corazón en señal de agradecimiento a un dios. Con la llegada de los españoles, con raíces católicas, se sintieron horrorizados ante estas costumbres y una vez ocurrida la conquista en 1519 muchas de estas tradiciones fueron duramente censuradas. Como ocurrió con tantas otras tradiciones, los españoles comenzaron a elaborar un pan de trigo con forma de corazón y azúcar pintado de rojo para simular el corazón de las doncellas.
No obstante, otros historiadores afirman que el pan de muerto nace realmente cuando los antiguos pobladores de Mesoamérica enterraban a los muertos con sus pertenencias, e incluían un pan que era elaborado con semillas de amaranto mezcladas con la sangre de las personas que eran sacrificadas a los dioses.
Y con las dudas de quiénes crearon la tradición del pan de muerto sin resolver, culturas prehispánicas o españoles, pasamos a la cocina con mi compañera, para cocinar este rico pan, que se asemeja a un suizo. 
Los ingredientes que indicamos son para hacer un pan mediano; en todas las recetas que he visto ponían hasta 1 kg de harina. Además, desde Nutrición a las 6 vamos a hacer una versión de esta receta sustituyendo ciertos ingredientes por otros más saludables.
Ingredientes
Para la masa
  • 250 gr de harina integral de fuerza
  • 50 cl de aceite de oliva
  • 5 gr de levadura fresca
  • 1 cucharadita de sal
  • 65 gr de azúcar moreno
  • 60 gr de leche semidesnatada
  • La ralladura de ½ naranja
  • 1 huevo
Para pintar
  • 1 huevo
  • Azúcar
Preparación
Esta receta tiene una elaboración un poco pringosa, como cada vez que hacemos una masa casera, por lo que tendremos que empezar por lavarnos bien las manos y la superficie de trabajo, es decir, la encimera. 
En un bol ponemos la leche a temperatura ambiente, o incluso un poco tibia, y agregaremos la levadura. Removemos bien para deshacer la levadura en la leche, podemos meter las manos si preferimos hacerlo con los dedos. A continuación, añadimos el huevo y batimos bien.
En la encimera, pondremos la harina, haciendo una montañita y haremos un agujero en el medio, como si fuera un volcán; de esta manera, la harina servirá de pared. Alrededor de la harina, por la parte de afuera espolvorearemos el azúcar y, por encima del azúcar, a su vez, espolvorearemos con la sal. 
En ese agujero que hemos dejado en el medio pondremos la leche con la levadura disuelta y el huevo batido. Ahora es cuando nos vamos a pringar las manos. Poco a poco, rebañando por los bordes iremos incorporando la harina a la leche con la levadura y comenzamos a amasar. Lo que conseguimos con esta manera de incorporar así la harina, y posteriormente el azúcar y la sal, será evitar grumos y obtener una masa más homogénea. Cuando obtengamos una masa pegajosa y elástica, podremos ir añadiendo el aceite poco a poco mientras seguimos amasando. 
Ya sólo queda seguir amasando durante un buen rato, al menos 8 minutos, hasta que la masa deje de pegársenos a las manos. Parece que ese momento no llegará, pero ¡no desesperéis y amasar mucho! 
Cuando la masa deja de pegarse a nuestras manos y tiene una consistencia firme, engrasamos un bol y ponemos ahí la masa; tapamos con un paño o papel de plástico el bol, si podemos lo ponemos cerca de una estufa y dejamos que la masa crezca hasta que doble su volumen. El calor hará que la masa crezca más rápido. Este tiempo puede ser alrededor de 1 hora o dos.
Una vez ha doblado su tamaño, de esa masa vamos a separar 1/3. Con los otros 2/3 hacemos una bola mientras que el restante, lo dividiremos en dos masas que servirán para adornar nuestro pan haciendo con ellos figuras similares a dos huesos, así que con los dedos vamos dándole forma de hueso como las tibias de las banderas de los piratas de fantasía. Estos dos “huesos” los pondremos por encima de la bola en forma de cruz o aspa.
Pintamos con huevo batido nuestro pan, espolvoreamos con un poco de azúcar y horneamos a 180oC durante unos 25 minutos.
Pasado este tiempo, sacamos y dejamos enfriar encima de una rejilla.
Espero que disfrutéis de este día en el que rememoramos a nuestras personas queridas que se nos han ido.
Un saludo y... ¡nos vemos el mes que viene! 
Realizado por Jorge Ibarra Morato y Cristina Vallespín Escalada
Fuentes
Conocimientos adquiridos durante la Diplomatura de Nutrición Humana y Dietética.

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