La era de las súper raciones

Escrito por Nutrición a las seis el lunes, 16 de febrero de 2015 | 6:00:00

¡Buenos días! Me gustaría comenzar la semana haciendo una pequeña reflexión. Solemos escuchar que la obesidad es la gran pandemia de este  siglo y que está relacionada con un mayor sedentarismo debido al cambio que ha sufrido nuestra dieta a lo largo de los años. Y es que hoy en día, salvo los sectores de producción, el trabajo que realizamos es un trabajo de oficina, más sedentario, y sin duda alguna esto afecta mucho a nuestro gasto energético.

Donde antes podíamos llegar a casa y sentarnos en el sofá tras la dura jornada laboral, hoy en día tenemos que obligarnos a salir a andar, a montar en bici o nos vemos en la obligación de apuntarnos a un gimnasio o piscina o academia de baile para realizar algún tipo de ejercicio físico que aumente nuestro metabolismo a pesar de llegar igual de cansados a casa. Todo esto se convierte en una obligación si además añadimos que necesitamos coger el coche o el transporte para poder llegar al trabajo, en el que el ejercicio físico brilla por su ausencia, en estos casos se descarta completamente el ir al puesto de trabajo andando o en bici y por ello hay que buscar alternativas que consigan mantenernos en forma.
Por otra parte tenemos los hábitos alimentarios. Los nutricionistas y los profesionales de la salud repetimos incansablemente que una dieta adecuada debe ser equilibrada, sana y variada adecuada a nuestra situación fisiológica y necesidades según el momento. Dentro de estos tres parámetros se incluye un factor muy importante; mucha gente sabe qué alimentos comer para llevar una dieta variada pero donde se pierden es en qué cantidad deben comer dichos alimentos. A este punto quería yo llegar. A pesar de que hoy en día vivimos en la abundancia de alimentos, tenemos una gran oferta para poder elegir qué comer, no sabemos cuánto comer.
Por ello los nutricionistas optamos por dar medidas caseras para que, de una manera fácil y visual, se pueda saber qué ración es la adecuada sin tener que recurrir al engorro de una báscula para pesar los alimentos. Sin embargo, de lo que creo que hemos dejado de ser conscientes es de que a lo largo de los últimos 20-30 años, la dimensión de los envases y las porciones han aumentado de manera considerable. Esto se traduce en que, sin darnos cuenta, estamos comiendo más que hace treinta años y encima, por la vida más sedentaria que llevamos, tenemos un gasto calórico menor, lo que se traduce en obesidad como mencionaba antes.
No sé si os habréis dado cuenta de que muchas de las vajillas que actualmente se venden son más grandes que las que se vendían hace unos años, incluso me arriesgo a pensar que el plato pequeño es el que antes se consideraba grande, y... ¿cuál es el problema de esto? Por lo general, comemos por los ojos, necesitamos ver el plato lleno para sentirnos saciados (no mucha gente escucha a su cuerpo mandar la señal de saciedad, y muchos otros aunque lo notan siguen comiendo por gula), de tal manera que si antes comíamos un filete de pollo del tamaño de nuestra mano (ración normal de consumo) y cabía perfectamente en el plato, hoy en día este mismo filete parece pequeño en el plato, por lo tanto tendemos a consumir un filete más grande y, por tanto, comemos una ración más grande de la que nos corresponde.
En casa puede ser fácil aprender a servirse una ración normal a pesar de este aumento de tamaño en las vajillas ya que podemos optar por utilizar el plato pequeño en lugar del grande.
Pero no acaba aquí la cosa, ¿qué me decís cuando comemos fuera de casa?
Me parece curioso que en establecimientos de comida rápida y en los cines, nos resulte pequeño el menú pequeño de palomitas, refrescos, patatas o hamburguesas cuando este mismo menú era el que se consideraba grande (o gigante) hace 20-30 años. Para que veáis la diferencia de lo que comíamos hace nos años con lo que comemos ahora y la percepción de normalidad que tenemos y teníamos de ambas cosas, os pongo a continuación una serie de fotos.
Con todo esto quiero decir que vivimos en un mundo en el que se distorsiona cada vez más la realidad, y la comida no es una excepción, por tanto deberíamos aprender a no fiarnos de lo que nuestros ojos perciben y aprender a escuchar lo que realmente nuestro cuerpo necesita.
Esta es la reflexión que lanzo hoy y ya me despido. ¡Hasta el próximo día!
Realizado por Cristina Vallespín Escalada
Fuentes 

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1 comentarios :

  1. Qué razón. Yo me he dado cuenta en los bocadillos, que cada vez que abren un nuevo restaurante ofrecen bocatas más grandes y yo ni los termino.

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