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Nochevieja y sus 12 uvas, de manifestación a tradición

Escrito por Nutrición a las seis el lunes, 16 de diciembre de 2013 | 6:00:00


¡¡Buenas!! Dentro de unas semanas nos disponemos a dejar un año y empezar otro nuevo, de nochevieja a año nuevo, y entre medias las campanadas, en tan sólo 1 minuto sus 12 campanadas se acompañan de 12 uvas, tradición en España y en algunos países de Sudamérica,  ¿cómo empezó la tradición? ¿De qué año data?
Son muchas preguntas que vamos a resolver en este post, pero antes vamos a conocer un poco más el producto estrella, las uvas.
Las uvas son el fruto de la vid o parra, que es un arbusto trepador de la familia de las vitáceas. Se trata de un fruto en baya redonda, pequeña y jugosa, que crece formando racimos (de unos pocos hasta más de cien frutos agrupados).
Originaria del Cáucaso y Asia occidental, se supone que ya era recolectada en el Paleolítico. Los egipcios conocían la vid, pero los griegos y los romanos fueron dos de las civilizaciones que desarrollaron en gran medida la viticultura e introdujeron la vid en sus colonias. Fueron los colonos españoles los que introdujeron la vid en América del Norte, desde donde se extendió por todo el continente, pero el intento fracasó a consecuencia de los ataques de parásitos y las enfermedades. Y a finales del siglo XIX, la explotación de la vid en Europa sufrió un gran golpe tras la contaminación por un insecto americano llamado filoxera.
En 30 años se propagó la plaga por todos los viñedos y éstos estuvieron a punto de desaparecer, lo que obligó a adoptar las vides americanas resistentes a la plaga como patrones de la vid europea, y se obtuvieron variedades resistentes, fruto de la hibridación de ambos tipos de plantas.
Hoy en día, la vid se cultiva en las regiones cálidas de todo el mundo. Existen unas 3.000 variedades, que se pueden clasificar en dos grandes grupos:
  • Uvas de mesa. Se consumen frescas o como uvas pasas. Son más carnosas y de semillas grandes. Pueden ser amarillas, verdes, granates o violetas. Las más consumidas son: albillo, moscatel (la más dulce de todas), aledo, villanueva, chelva, vinalopó y palomino.
  • Uvas viníferas. Son menos dulces que las de mesa y más ácidas, aunque para hacer vino blanco se utilizan algunas especies dulces como: palomino, macabeo, malvasía, moscatel, chardonnay y garnacha blanca. Para elaborar vino tinto se utilizan mayormente: garnacha tinta, cabernet sauvignon, merlot, pinot noir, syrah, cariñena, tempranillo, tintorera y graciano.
En cuanto a su composición nutricional, nos encontramos con un alimento srico en hidratos de carbono, potasio, fitonutrientes y flavonoides.
La composición de las uvas puede variar ligeramente según se trate de uvas blancas o negras. En general, su aporte en hidratos de carbono es mayor que en otras frutas, por eso proporcionan mucha energía. Son hidratos de carbono de fácil asimilación como la glucosa, la fructosa, sacarosa, dextrosa y levulosa. También contiene cantidades apreciables de fibra (fundamentalmente de tipo soluble), vitaminas (B6 y ácido fólico) y minerales (potasio).
Múltiples estudios muestran que los fitonutrientes presentes en la uva y el vino pueden tener un efecto preventivo frente a enfermedades degenerativas como las cardiovasculares, ciertos tipos de cáncer, trastornos neurodegenerativos, e incluso patologías como las cataratas. Entre los compuestos implicados están los compuestos fenólicos, destacando los estilbenos (resveratrol) y los flavonoides.
Algunos autores indican que, tanto la uva negra como el vino tinto, poseen una mayor cantidad de fitonutrientes que las otras variedades de uva y vino, pudiendo contribuir mejor a la prevención de las enfermedades degenerativas.
Y tras conocer un poco la composición de la uva, empezamos a conocer un poco la tradición de las 12 uvas de la suerte.
Los primeros testimonios que podemos encontrar de tomarse doce uvas en la Puerta del Sol a las 12 de la noche del 31 de diciembre, datan por escrito en la prensa madrileña en enero de 1897, donde se comenta que “Es costumbre madrileña comer doce uvas al dar las doce horas en el reloj que separa el año saliente del entrante”, lo cual quiere decir que al menos en 1896 así se hizo, y probablemente algún año atrás.
La explicación que se da a esta tradición de las uvas es una forma de protesta popular contra la alcaldía de Madrid, que en 1882 el alcalde, José Abascal, decidió imponer una tasa de un duro a todos aquellos que realizasen actividades ruidosas y de algarabía durante las fechas navideñas.
Así, privados los madrileños de estas noches de juerga y borrachera, algunos se animaron a celebrar la Nochevieja en la Puerta del Sol, comiendo uvas con las campanadas, como mofa de la tradición burguesa de comer uvas y champán en la cena de Nochevieja, una tradición que reflejan los periódicos de la época y que dicen importada de Francia y Alemania.
Este comportamiento se extendió y popularizó rápidamente en la capital, hasta el punto de que en 1897 los comerciantes de la ciudad ya publicitaban las uvas de la suerte, y en pocos años la tradición se fue ampliando por todo el territorio, hasta llegar a las islas Canarias. Ahí es donde entra en juego la otra leyenda que dice que la tradición se basa en que los agricultores levantinos, aprovechando su excedente de producción de 1909, realizaron una campaña para promulgar y potenciar la costumbre por todo el país, y así poder colocar todo el excedente de uva.
La jugada salió muy bien. Y hoy en día la gran mayoría recibimos el año con 12 uvas al son de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol, la superstición dice que da buena suerte.
También conviene saber que las uvas de Nochevieja es una tradición exclusivamente hispana, que se exportó a otros países como México, Venezuela, Argentina, Ecuador, Perú, Chile, Colombia.
Con esto me despido, esperando que hayáis conocido un poco más sobre la uva y la tradición. Espero que el 31 no os atragantéis y nos vemos todos en el reloj de Sol.
¡¡Saludos!! :)
Realizado por Jorge Ibarra Morato
Fuentes

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